La importancia de
Cosimo Rosselli en el
Quattrocento la encontramos en la dirección de un fecundo taller donde asimiló las formas de
Andrea del Verrocchio,
Domenico Ghirlandaio o
Benozzo Gozzoli entre otros, creando un estilo particular de escasa originalidad pero gran éxito. Su participación en la decoración de la Capilla Sixtina será su obra maestra, colaborando con Piero di Cosimo.