La ciudad romana de Saguntum se ubica en un lugar habitado desde mucho tiempo antes. Ya desde
la Edad del Bronce se conoce la ocupación de su área, con poblados que perdurarán hasta el siglo V a.C., etapa en la que florece la cultura ibérica y en la cual los grupos de gentes que ocupaban el actual cerro del castillo se unirán a otros conjuntos habitacionales circundantes. En esta etapa ibérica, la ciudad se denominará Arse y alcanzará un gran desarrollo económico y cultural, con acuñación de moneda y contactos con los colonizadores griegos y fenicios.
Codiciada por cartagineses y romanos, las dos potencias dominantes del Mediterráneo, queda dentro del área adjudicada a los primeros en el
Tratado del Ebro (226 a.C.) aunque, aliada de Roma, será destruida por
Aníbal en el 219 a.C. tras ocho meses de asedio. La destrucción de la ciudad dará lugar al comienzo de
la Segunda Guerra Púnica entre Roma y Cartago.
En el 214 a.C. la ibérica Arse es conquistada por
Cneo y
Publio Escipión y restaurada por Publio Cornelio
Escipión, hijo y sobrino respectivamente de los dos anteriores. La ciudad fue devuelta a los iberos, en buenas relaciones con Roma, transformándose paulatinamente en hispanorromana y cambiando a la denominación latina de Saguntum. Ciudad independiente y aliada de Roma, a partir de este momento comienza un periodo de esplendor y desarrollo a todos los niveles, favorecida por su poderosa aliada hasta el punto que sus habitantes gozarán de
la ciudadanía romana.
Durante el reinado de
Augusto, Saguntum conocerá una etapa de esplendor, resultando favorecida por el amplio
programa urbanístico puesto en marcha por el emperador romano. Así, la ciudad se amplía, se dota de nuevas y mejores infraestructuras y recibe el título de
municipium de ciudadanos romanos.
La nueva ciudad es planificada integrando en su perímetro al río Palancia, gracias a la construcción de un puente en sentido norte-sur que articula a todo el conjunto urbano y une Saguntum con la
Vía Augusta. Hoy en día sólo se conservan dos pilares de este puente.
Edificada en pendiente, el espacio urbano propiamente dicho se ubica en la parte baja, mientras que en la terraza superior se ubica el teatro.
El foro, como en toda ciudad romana, articula la vida urbana y sirve de eje de conexión con elementos como las tabernae (tiendas), el templo o la basílica, lugar de reunión de los ciudadanos y sede del tribunal.