La fundación de la primera Corduba romana parece deberse a la elección del lugar como emplazamiento de las tropas. Poco después, hacia el 152 antes de
Cristo, modifica su ubicación y se convierte en
colonia latina, estatus que mantuvo durante todo el
periodo republicano. Parece ser que esta Corduba original estaba habitada por población de origen romano y también nativos, según el geógrafo
Estrabón. Esto concuerda con una realidad muy común para este periodo en muchos otros lugares, la de la existencia de una dípolis o doble ciudad indígena-romana, en la que existen dos distritos muy diferenciados. Así, el distrito romano se emplazaría junto al
foro, mientras que el indígena estaría sobre la primitiva y original ubicación de la primera Corduba.
Pronto se vio que el emplazamiento de Corduba facilitaba la logística de las legiones romanas y servía de centro de control estratégico de una amplia región, por lo que el crecimiento económico y demográfico se vio acompañado de un proceso administrativo que elevó el rango de la ciudad hasta convertirla en la capital oficiosa de la Hispania Ulterior.
Tras las
guerras civiles entre
César y
Pompeyo, Corduba, en la que se hallaba una mayoría de partidarios del segundo, además de servir como cuartel general de sus tropas y principal tribunal de justicia de la provincia, sufrió las consecuencias de apoyar a Pompeyo, resultando gravemente destruida y sufriendo una fuerte despoblación. Sin embargo, su importancia como enclave estratégico hizo que no le fueran retirados sus privilegios administrativos, hasta el punto que fue convertida en colonia y capital de la provincia Betica, creada en el contexto de las
reformas emprendidas por
Augusto.
Esta capitalidad proporcionó a Corduba un gran empuje durante la
época altoimperial, experimentando un intenso proceso de
latinización que fue eliminando paulatinamente los antiguos rastros indígenas. Al mismo tiempo, Corduba se beneficiaba de un gran auge
urbanístico, con la creación de escuelas y
edificios públicos. Excepcional importancia para la ciudad tuvo la construcción de la
Vía Augusta, que enlazaba Linares con Cádiz y la provincia bética con el resto de la Península. El paso de esta vía por la ciudad se hacía mediante el puente que cruzaba el Guadalquivir, aun hoy apreciable.
La importancia creciente de Corduba hizo que a su alrededor se construyeran unas murallas para contribuir a su defensa, no en vano en el interior de la ciudad se desarrollaba una gran actividad comercial -fundamentada en el aceite, el vino o los minerales,
productos muy apreciados a lo largo del Imperio- y administrativa -en Corduba, como capital provincial, se hallaban los archivos de la administración.
La riqueza de Corduba y sus habitantes se podía ver también en el gran número de
villas de recreo que se diseminaban por su sierra. Pero esta riqueza no era sólo económica, sino también cultural. No en vano, nacieron en Corduba ilustres figuras del mundo romano como
Séneca o el poeta
Lucano.