Entre 1598 año en que accede al trono
Felipe III, y 1700, fecha de la muerte de
Carlos II, la hegemonía política y militar de España se derrumba ante el
acoso de las potencias europeas, émulas de su grandeza, mientras el esfuerzo realizado por la Corona en defensa de los territorios de su soberanía obstaculiza la ejecución de las
reformas económicas solicitadas reiteradamente por los
arbitristas y desencadena la oposición de las oligarquías que gobiernan los reinos, contrarias a nuevos
sacrificios fiscales, provocando enfrentamientos y roces que devienen finalmente en
rebeliones, en medio de una
crisis demográfica y económica, de desigual intensidad y cronología, que afecta a todos los reinos hispánicos.
Pero el siglo XVII español no debe valorarse sólo por los fracasos militares o las rebeliones de los reinos, ni tan siquiera por el declive demográfico y económico. Si así hiciéramos, el lector perdería de vista los rasgos positivos del período, los logros institucionales y los proyectos reformistas que se elaboran y tratan de aplicar en tiempos de
Felipe IV y de Carlos II, así como las transformaciones que afectan a la economía y los cambios que se producen en
la sociedad, cada vez más polarizada en torno al dinero, cada vez menos estamental, difuminada la frontera, siempre móvil, entre el noble y el plebeyo, entre el
eclesiástico y el seglar.
Todas estas facetas forman parte de una misma realidad histórica, explicada a través del desarrollo de los acontecimientos políticos, económicos y sociales, pues el objetivo del presente volumen no es otro que poner en contacto al lector con una época, sin duda apasionante, donde los hechos históricos se suceden a un ritmo acelerado y doloroso, modificando y recomponiendo el ordenamiento político y las estructuras económico-sociales heredadas de la centuria anterior.