La facilidad de Renoir para realizar retratos se puso de manifiesto muy pronto, como observamos en el de la Señorita Romaine Lacaux. Incluso durante una temporada ocupó el puesto oficioso de retratista de la alta sociedad parisina. En esta ocasión es un retrato más íntimo, protagonizado por un amigo como
Paul Cézanne, captado con absoluta maestría. El pintor aparece vestido como un burgués, con su despejada frente y los cabellos despeinados que se continúan con la barba. La técnica empleada pastel como hacía
Degas o
Manet - permite trabajar a Renoir con absoluta rapidez y libertad, mostrando la personalidad de su amigo.