Maella realiza en esta Inmaculada una síntesis entre los usos pictóricos del Siglo de Oro, es decir, del pleno
Barroco Español, y los nuevos dictados estilísticos del
Neoclasicismo, importados por el pintor de Carlos III, Antonio Rafael
Mengs. El modelo que emplea para la Inmaculada es exactamente el mismo que habían empleado los artistas del siglo XVII, cien años antes. Recuerda en su composición las Inmaculadas de
Murillo, de
Velázquez, incluso alguna de
Zurbarán. Sobre este modelo, agitado en movimiento, espléndido en color, Maella aplica los dictados de Mengs y su academicismo, sujetando la libertad de color y pincelada de los barrocos aldibujo estricto del maestro alemán.