Perteneciente a la orden de los jesuitas, impartió clases en Segovia, Valladolid, Roma y Coimbra. El padre Suárez también era llamado Doctor Eximius. Dedicó su vida a resucitar
la escolástica, adaptándose a los aires que traía
la Contrarreforma. De su legado literario hay que destacar: "De Verbo Incarnato", "Disputationes metaphysicae", "De vera intelligentia", "De legibus" y "De anima", publicada a su muerte.