Trabajó al servicio de
Carlos V como secretario, al igual que lo hizo su hermano
Juan. Fue uno de los más fervientes seguidores de
Erasmo. Con éste mantuvo una relación epistolar que comenzó en 1525. Este intercambio de ideas mediante correspondencia provocó que fuera juzgado por
la Inquisición, aunque fue indultado por
Clemente VII. De su obra hay que destacar dos diálogos renacentistas en prosa: "Diálogo de las cosas ocurridas en Roma" y "Diálogo de Lactancio y un arcediano". En este último justifica el Saco de Roma que llevaron a cabo las tropas imperiales. Señala que fue una consecuencia de la actuación de la Iglesia ante las ideas reformistas propuestas por Carlos V y secundadas por Erasmo. Otro de sus escritos más controvertidos fue "Diálogo de Mercurio y Carón", de 1529.