Tras la muerte de su padre se instala en
Madrid, donde vive con su tío Estébanez Calderón, escritor costumbrista. Ingresa en la universidad para cursar la carrera de Leyes. En este tiempo ya muestra su interés por el periodismo y todos los asuntos relacionados con la historia. Su afición la trasladaría al papel en trabajos como "La campana de Huesca" o "Historia de la decadencia de España". En terreno político dio sus primeros pasos de la mano de
O'Donell, quien proclamó la
revolución del 54 con el "Manifiesto de Manzanares", escrito por el propio Cánovas. Estando en Roma desempeñó misiones diplomáticas. Fue miembro de la Unión Liberal y de la Academia de la Historia. Con
Isabel II en el poder fue ministro de Gobernación en
1864 y de Ultramar en 1865. Cuatro años después es diputado de las Cortes Constituyentes y se convierte en líder de una pequeña representación de ideología liberal conservadora. Con la
caída de Isabel II, Cánovas se retiró del poder. En esta posición se opuso a la libertad religiosa y defendió el ascenso del hijo de Isabel, Alfonso al trono. En tiempos de la
Primera República hizo todo lo posible por reinstaurar la monarquía de forma pacífica y con el apoyo de todos los partidos al príncipe Alfonso. Sin embargo, en 1874, el general
Martínez Campos, tras un
pronunciamiento en Sagunto nombra rey a
Alfonso XII. Bajo su mandato se aprobó la
Constitución de 1876 y la
Guerra Carlista llegó a su fin. En 1884 vuelve a
formar gobierno, pero cuando muere el monarca dimite y ocupa
Sagasta su puesto. A esta época corresponde su ensayo histórico "Estudios del reinado de
Felipe IV". Al comienzo de la década de los noventa ocupa de nuevo la
presidencia con
Silvela como ministro de Gobernación. En esta ocasión permanecería en el poder hasta 1892. Tres años más tarde es nombrado presidente del consejo de ministros. En esta época tiene que afrontar algunos problemas como el anarquismo o la separación de Cuba. En 1897 un anarquista italiano le asesina.