En tiempos del
Trienio Liberal, su nombre siempre figura en las filas de los constitucionalistas. Fue miembro de la
Milicia Nacional, por lo que escoltó a las Cortes cuando tuvieron que huir de los
Cien Mil Hijos de San Luis en 1823. Con la
vuelta de
Fernando VII, estuvo al margen de cualquier actividad hasta 1831, y en este año se traslada a Francia. Cuando se firma al amnistía, tras la muerte del rey, regresa a España y comienza a militar en el Partido Progresista. Un año después es elegido jefe político de
Madrid, bajo la presidencia de
Juan Álvarez de Mendizábal. Después fue diputado y como tal uno de los encargados de redactar la
Constitución de 1837. En 1840 es nombrado embajador en París. Tres años después salió presidente del Congreso de los diputados y en noviembre de ese mismo año, tras la
regencia de
Espartero, accedió a la presidencia del gobierno. Pero estuvo muy poco tiempo, al ser acusado de obligar a la reina
Isabel II a disolver las Cortes. Con los moderados en el poder sufrió varias detenciones acusado de conspirar. En 1854 con el triunfo de la
Vicalvarada regresó a París como embajador. Desde allí preparó la
revolución de 1868 para derrocar a Isabel II. Tras este levantamiento, fue nombrado diputado y participó en la redacción de la
constitución de 1869. En 1873 regresa a París en misión diplomática.