Gracias a su magnífica intervención en el frente de Marruecos, fue premiado con la Medalla Militar Individual. Era un gran enemigo de la
República, por lo que intervino en todas las
conspiraciones que se organizaron para derrocar este sistema político. Su implicación en la sublevación de
Sanjurjo le llevó a prisión. En 1936 reaparece en escena para participar en el
levantamiento del 18 de julio.
Trasladado a las islas Canarias por el
Frente Popular, apoyó la conspiración junto a
Franco, que en aquel momento estaba destinado en las islas. Cuando se celebró la
Junta de Defensa Nacional, apoyó la candidatura de Franco para estar el mando de los tres Ejércitos.
Nombrado general de división, intervino en el
Jarama y Guadalajara. Tras este episodio fue elegido jefe del Servicio de Movilización, Instrucción y Reclutamiento. Desde este puesto formó las academias de
alféreces y sargentos provisionales. Al cabo de un año del comienzo de la guerra ocupó el cargo de consejero nacional de FET y de las JONS. Cuando terminó la contienda le nombraron teniente general y fue destinado a Capitanía General de la IV Región Militar en Cataluña. Al comienzo de la década de los cuarenta fue alto comisariado de España en Marruecos y en 1945 jefe del Alto Estado Español.