En la Plena Edad Media se produce un significativo auge de la religiosidad. En
las órdenes religiosas se viven aires de reforma, en un principio en
Cluny y posteriormente con
San Bernardo y el Cister. También aparecen
órdenes militares y
hospitalarias fruto de
las Cruzadas que tienen su momento de esplendor en estas fechas.
El clero secular también manifiesta un importante proceso de renovación al igual que
las órdenes mendicantes -
dominicos,
franciscanos,
espirituales y
órdenes menores-. El espíritu religioso reformista afectará de igual manera a
los laicos, adquiriendo una gran importancia
los sacramentos y nuevas
formas de culto y piedad.
Sin embargo, estos aires reformistas en ocasiones se alejarán de la ortodoxia provocando diversas
corrientes heréticas -
comunales,
mesiánico-milenaristas,
antijerárquicas,
a favor de la pobreza- siendo la más conocida
el catarismo.
La reacción eclesiástica no se hizo esperar y
la represión del catarismo traerá consigo
la creación de la Inquisición.