La evolución política de los reinos peninsulares entre 1275 y 1325 fue común a la del resto del Occidente medieval. En un mismo contexto de
declive demográfico-económico y de búsqueda de alternativas a la crisis, hacia 1270 se abrió una nueva época en la evolución histórica de los reinos ibéricos definida por tres grandes líneas de acción política: la fijación definitiva de territorios y fronteras entre los distintos reinos, el enfrentamiento cristiano-musulmán por el control del Estrecho de Gibraltar (1270-1350) y la expansión comercial y militar de
la Corona de Aragón en el Mediterráneo.
Castilla vivirá inmersa entre numerosos conflictos nobiliarios y la Batalla de Estrecho; Aragón manifestará un periodo de apogeo al expandirse al Mediterráneo;
Portugal procederá a fortalecer su monarquía con Dionís I; y
Navarra entrará en la órbita de
Francia.