Más que conflictos exteriores fueron las disputas internas -sobre todo en Francia- las que provocaron el comienzo de la segunda fase de la Guerra de los Cien Años. En esta etapa Inglaterra estuvo muy cerca de conseguir
su objetivo por méritos propios y por la crítica situación de Francia, sumida en una aguda
guerra civil. El fortalecimiento de la monarquía francesa, el peso de Borgoña y las crisis inglesas fueron factores importantes en
el desenlace final del conflicto.