En la Baja Edad Media no sólo se producen hechos de importancia en el Occidente europeo, donde
la Guerra de los Cien Años se convierte en el episodio principal. Las regiones periféricas también viven momentos de esplendor y decadencia. En la región Escandinava nos encontramos tres ámbitos políticos -
Dinamarca,
Noruega y
Suecia- que se unificarán gracias a la Unión de Kalmar (1397). Desde 1400
la Hansa tuvo que competir con mercaderes ingleses y holandeses, aunque mantendrá cierto domiio comercial sobre el Atlántico. En el este europeo destacarán
Polonia y
Bohemia -cuyas relaciones con
el Imperio marcarán buena parte de su desarrollo político, estallando en Bohemia
la cuestión husita-.
Hungría y
los Balcanes vivirán entre el empuje de
los turcos y los últimos coletazos del
Imperio Bizantino mientras que la invasión y el control mongol de
Rusia definirá la historia de esta zona durante mediados del siglo XIII y la mitad del XIV, hasta el auge del principado moscovita que se produce hacia 1360.