La fase Metepec (650-750 d.C.) fue un tiempo de cambio e intranquilidad política, en que la población de la cuenca de México ya no se concentra de manera total en
Teotihuacan, sino que surgen nuevos asentamientos que se estratifican desde poblados a pequeños centros como
Azcapotzalco, evidenciando una paulatina descentralización del estado. Este acontecimiento es también un fenómeno interno, a juzgar por las figurillas hechas a molde que representan divinidades o guerreros indicativos de que
el ritual ya no se llevó a cabo de manera exclusiva en los templos, sino que se desintegró en los
conjuntos multifamiliares.
Al mismo tiempo se denota un poder económico más disminuido y la pérdida de contactos entre Teotihuacan y muchos centros de
Mesoamérica. Coincide esta situación con profundos cambios políticos y económicos en este Area Cultural, con centros muy expansionistas y agresivos como los de las
tierras bajas mayas o, más tarde,
Xochicalco, Cacaxtla y otros. La decadencia de la ciudad no fue abrupta, sino lenta, y culminó con la destrucción por medio del fuego de sus templos y edificos públicos más relevantes a lo largo de la Calzada de los Muertos y de la Ciudadela, hecho que coincidió con el abandono de la ciudad, que pasó a tener unos 25.000 habitantes.