China vivirá una época de profundos cambios. La esplendorosa
dinastía Ming, iniciada en 1368, fortalecerá el Estado y emprenderá una reforma administrativa que sentará las bases del desarrollo económico. Su decadencia propiciará la
invasión manchú y la instauración de una nueva dinastía,
Qing, que si bien en principio conoce una época de esplendor, más adelante vivirá la recesión económica y el repliegue interior, lo que alejará a China de todo
contacto con ideas y productos extranjeros.