Las
campañas exteriores durante el
período revolucionario darán a conocer al pueblo francés la figura de un joven general que proporcionará éxitos y sobre el que se depositarán las esperanzas generales en tiempos de zozobra e inestabilidad. Elegido en principio como
cónsul, al poco tiempo acaparará en sus manos el poder suficiente para instaurar un
régimen imperial e iniciar un
proceso expansivo mediante el que Francia pasará a controlar buena parte de Europa. La posición hegemónica de Francia será, sin embargo, contestada por algunas naciones, fundamentalmente Gran Bretaña, que recelan de la acumulación desmesurada de poder por parte de una sola potencia y las ansias expansivas de
Napoleón. Contra aquélla Napoleón organizará un
bloqueo desde el Continente, ya que resulta incontestable su poder naval. Una alianza de naciones creada para frenar el expansionismo francés desembocará en una guerra a escala europea y, finalmente, en la derrota militar del Emperador y su
desalojo del poder.