En
Gran Bretaña, el importante auge experimentado gracias al impulso de la
Revolución Industrial se traduce en un
incremento del potencial exterior, fundamentalmente basado en el dominio naval y en los favorables vientos económicos. Durantes este periodo, no sólo se mantiene sino que se termina de perfilar un Imperio mundial que permite establecer colonias y factorías en todos los rincones del mundo. El mandato de la reina
Victoria permite a Gran Bretaña ejercer el papel de nación hegemónica, algo más alejada de los asuntos europeos pero con una presencia dominante en el comercio mundial.Por su parte,
Francia conocerá la implantación de un nuevo régimen imperial tras la
aventura napoleónica. El mandato de
Napoleón III conocerá fuertes convulsiones internas que no impedirán experimentar una época de esplendor imperial. La proyección exterior del régimen, en especial
la aventura italiana, será una de las causas de
la derrota militar y la proclamación de la república.
Italia y
Alemania conocen en esta época su configuración estatal. El auge de las
ideas nacionalistas sirve de contexto para la construcción de ambas identidades nacionales. Ambos procesos habrán de solventar serias diferencias -políticas, económicas, culturales, etc- entre los territorios que pasarán a estar unificados. Además, las unificaciones se harán a costa de unidades políticas ya existentes, que no querrán perder su autonomía, en algunos casos, o ceder su control sobre los territorios que dominan. Especialmente perjudicada en ambos procesos de unificación va a resultar
Austria, un viejo imperio que pugna por mantenerse en pie.