El largo periodo de colonización portuguesa comienza a contemplar su fin durante el
auge napoleónico en Europa, que amenazará directamente con invadir Portugal. El
traslado de la corte portuguesa a Brasil supone cambios drásticos en la colonia, no siendo el menos importante el incipiente surgimiento de un cierto sentido de independencia con respecto a una metrópoli cuyos problemas se ven muy lejanos. La existencia de un monarca brasileño se ve como una salida deseada, que en definitiva servirá como un punto intermedio entre la dominación colonial y la emancipación. El reinado de
don Pedro servirá para sentar las bases de un Brasil independizado, mientras que en la
etapa imperial de
Pedro II los cambios afectarán a instituciones tan arraigadas como
la esclavitud, proveedora de mano de obra a mínimo precio para las plantaciones.