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  Contexto

Las inversiones directas
Época: América: problemas
Inicio: Año 1870
Fin: Año 1914
Antecedente:
Financiación de la actividad exportadora

En la década de 1880 las inversiones directas provenientes de empresas británicas, pero también de compañías francesas, alemanas y norteamericanas, alcanzaron un nivel comparable al endeudamiento negociado en los mercados financieros. Como bien señala Marichal, ya no se trataba de consolidar posiciones sólo en la banca o en el comercio internacional, sino que también se invertía en transportes y producción, especialmente en actividades vinculadas a ferrocarriles, tranvías, minas, ingenios azucareros, molinos harineros y compañías de gas, electricidad o teléfonos. En esa década, el 80 por ciento de las inversiones directas británicas en América Latina se concentró en cinco países: Argentina (37 por ciento), México (17 por ciento), Brasil (14 por ciento), Chile (7 por ciento) y Uruguay (5 por ciento), que no casualmente eran los que tenían una mayor producción. En ellos, también, la construcción de ferrocarriles y el desarrollo urbano avanzaba más rápidamente.
En los años posteriores al fin de la Primera Guerra Mundial (1918-1920), asistimos a un importante incremento de las inversiones directas norteamericanas en varios países del continente, especialmente en Cuba, México y Chile, aunque no se produjeron préstamos a largo plazo para los gobiernos latinoamericanos. Algunas firmas, predecesoras de las actuales transnacionales, se instalaron en esta época en América Latina.
Vista de la Alameda de Veracruz (México) Viaducto en la línea férrea Lima-La Oroya Banco en Brasil



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