En las primeras décadas del siglo XX los países iberoamericanos no están exentos de los procesos que experimentan el resto de países. Así,
la Gran Depresión de 1929, el auge de los
fascismos y
la Primera y
Segunda Guerras Mundiales tendrán amplia repercusión en cada uno de estos países.
Por otro lado, en general se dan procesos internos de
reestructuración del poder político, principalmente impulsados por el auge de las
ideas de izquierda y reformistas. Así, se produce una contestación general del poder de las oligarquías, cuya máxima expresión se dará en México durante
la Revolución que tiene lugar en aquél país.