La épica griega no se limita a los poemas atribuidos a
Homero. Además de las obras atribuidas a
Hesíodo, hubo una extensísima producción conservada muy parcialmente en fragmentos y testimonios indirectos que sirven al menos para dar a conocer la existencia de gran cantidad de temas que abarcaban las historias de muchos personajes de la
mitología agrupados en ciclos, que serían posteriormente utilizados por
los poetas líricos y trágicos, por los pintores de vasos de cerámica y por
los escultores que adornaban frisos y frontones de todos los templos. En la
Edad Oscura se configura el conjunto de la temática que nutre toda la cultura griega y su fundamento se hallaba en los
tiempos heroicos, identificados con el
mundo micénico. Así pues, toda esa cultura posee un constante referente situado en ese mundo, cuya realidad histórica se ha manipulado hasta transformarla en mito.
Los
poemas homéricos forman parte, en su temática, del ciclo troyano, donde se incluyen los antecedentes de la guerra, así como los regresos de los héroes, de los que el de
Odiseo-Ulises sirve como tema de "La Odisea" y el de
Agamenón como argumento de la trilogía trágica de Esquilo, "La Orestíada", ya en el siglo V. Los fundamentos son difíciles de captar, pero a través de toda clase de manipulaciones, parece notarse la huella de preocupaciones específicas, relacionadas posiblemente con el
final de aquel mundo. Lo mismo ocurre con el otro ciclo famoso, el de
Edipo y sus descendientes, causantes con sus conflictos internos de los grandes dramas sufridos por la ciudad de Tebas.
Los ciclos se transmiten todos ellos por vía oral a través de cantores que viajan por las comunidades griegas, aprovechando
las tendencias panhelénicas que permiten la comunicación. El oficio tiende a especializarse dentro de clanes determinados, entre los que el más famoso llegó a ser el de los Homéridas, que se convirtió con el tiempo en el monopolizador de la tradición épica, aunque también se nota en manifestaciones cerámicas que los suyos no son todavía en época arcaica los temas predominantes.
La formación del mundo cultural que favoreció la actividad de
los santuarios panhelénicos permitió también el inicio de la celebración de festivales donde se recitaban los poemas, lo que llevó paulatinamente a la creación de formas canónicas tendentes a la fijación por escrito. Los temas épicos representaban el mismo fenómeno de recuperación del pasado que estaba implícito en la renovación de cultos en centros tradicionalmente considerados como herencia micénica. La recuperación cobra así todo su sentido en diferentes campos de la vida cultural.