La etapa que en el mundo soviético estuvo protagonizada por
Kruschev se caracterizó por una inquieta apariencia de
renovación en todos los terrenos. Frente a ella,
la evolución del sistema soviético en la época posterior resultó de una apariencia mucho más grisácea. Contrasta en ella la consolidación de un
régimen gerontocrático con el estancamiento del aparato productivo y con la conquista de un papel creciente en la política internacional,
equivalente al menos al de los
Estados Unidos. En gran medida, la evolución de la Europa del Este respondió al mismo modelo pero, explicable la
implantación del comunismo principalmente por la
fuerza de las armas soviéticas, es lógico que se convirtiera en mucho más patente en esta zona geográfica en el
comienzo de la quiebra del sistema.