La paradoja de lo sucedido durante los años sesenta en Extremo Oriente se aprecia por el solo hecho de tomar en consideración que si, por un lado, presenció el más importante
conflicto bélico del período, con la participación directa o indirecta en él de las
dos superpotencias, por otro vio cómo el
Japón se consolidaba como modelo de crecimiento y como uno de los primeros países del mundo en el campo industrial. El contraste se acentúa teniendo en cuenta que
la Revolución china, que en su momento había sido tan deudora de la soviética, ahora señaló un
nuevo rumbo revolucionario que fue por completo conflictivo con ella.