Del mismo modo que al final de la
Edad Oscura se recuperan las tradiciones sobre
los héroes que habitaron en
época micénica, adaptadas a las nuevas necesidades, también la
nueva aristocracia trata de forjarse las señas de identidad a través de los lugares de culto que considera vinculados a ese mismo pasado. Algunos antiguos santuarios comienzan a recuperarse a partir del siglo X, como ocurre en Olimpia, en el Peloponeso; otras veces el lugar parece haber conservado su función cultural, aunque a través de una etapa muy pobre, como Eleusis, cerca de Atenas, y, finalmente, en ocasiones, parece transformarse en centro de culto lo que no era más que el resto material de cualquier asentamiento abandonado, que por su vetustez ha adquirido prestigio y ha comenzado a recibir ofrendas a lo largo del período oscuro. De este modo, al tiempo que se configura un panteón y se recuperan los héroes del pasado en
la literatura oral o escrita, del mismo modo se recupera el espacio para dar forma a nuevos fenómenos religiosos propios de los tiempos que se viven, pero asentados en un pasado real que se convierte en factor para el desarrollo del mundo imaginario.