La
perestroika y la
democratización final de Rusia pueden ser consideradas como acontecimientos de primera magnitud en la Historia de la Humanidad y, desde luego, fueron los que supusieron en su momento una ruptura fundamental con respecto al período inmediatamente anterior. Pero, al menos en una parte, no se puede llegar a entender lo sucedido en la Unión Soviética sin la relación mantenida con el mundo occidental y, en especial, con la otra superpotencia, los
Estados Unidos.
Como es lógico, la importancia del
final de la guerra fría ha sido extraordinaria en lo que respecta a la evolución de las
relaciones internacionales. La propia nueva
configuración de Europa se vio decisivamente afectada por la desaparición de un conflicto que había durado tanto tiempo y también el Tercer Mundo, el Medio y el Extremo Oriente se vieron afectados por este acontecimiento. La evolución económica y la cultural tampoco pueden abordarse sin tener en cuenta los acontecimientos de 1989-1991 en el
Este de Europa o en la URSS.