El influjo de
la Revolución Cubana es visto como pernicioso por buena parte de los gobiernos latinoamericanos. Temen un contagio de la situación a sus propios paises, viendo con recelo el auge de movimientos izquierdistas que, en ocasiones, como el
Chile de
Allende, consiguen llegar al poder. Así, muchas veces con el visto bueno norteamericano, cuando no con su
apoyo directo, surgen golpes de estado y políticas de corte reaccionario y
dictatorial. No obstante, los años 80 y 90 ven aparecer un
proceso democratizador, conforme a las pautas seguidas en otras partes del mundo.