La
revuelta de los jonios contra
los persas motivará la solicitud de ayuda a las demás polis griegas. La revuelta fue aniquilada por
Darío quien establecía la autoridad perdida. Para asegurar el dominio de Tracia y Macedonia, un fuerte ejército y la flota persa al mando de
Mardonio se dispuso a
ocupar la mayor parte de la península griega. La reacción de los griegos fue positiva ya que los atenienses derrotaron a sus enemigos en la batalla de
Maratón.
Será
Jerjes algunos años más tarde quien recupere el plan de invasión. Tras un primer éxito en
las Termópilas, los persas cosecharán tres rotundos fracasos en las batallas de
Salamina,
Platea y Mícala. Durante treinta años los griegos disfrutaron de paz, saliendo beneficiada del conflicto Atenas quien pondría en marcha su
imperio.