El tránsito de una situación de aparente apogeo a otra de crisis y decadencia ocurrió rápidamente en
la segunda mitad del siglo XI: "ruina brutal del Imperio", ha escrito Ducellier refiriéndose al periodo 1056-1081, que se observa tanto en los aspectos políticos y militares como en los primeros signos de
dependencia económica. Pero los emperadores de la dinastía Comneno consiguieron restaurar la situación y gobernar en
el siglo XII sobre un Imperio de territorio más reducido pero todavía poderoso e influyente. La perdida definitiva de casi toda Asia Menor a fines de aquel siglo y la conquista de Constantinopla por
los occidentales a comienzos del
XIII precipitaron la catástrofe mientras que, pocos decenios después, las expediciones de
los mongoles arrasaban
la Rusia de Kiev. Sin embargo, en aquella época oscura se consolidaron las fuerzas capaces de restaurar parcialmente el Imperio y, sobre todo, de cimentar la identidad religiosa y cultural griega. Más allá de él, aunque en su órbita de influencia,
los pueblos balcánicos alcanzaron la madurez política.