Daumier sentía un odio exacerbado hacia los abogados, convirtiéndose en uno de los principales objetivos de sus grabados y pinturas. Siempre serán representados por figuras cínicas, empavonadas e incluso endiosadas, como éstos dos que aquí apreciamos.
Velázquez y
Goya sirvieron de inspiración a Daumier para realizar este tipo de trabajos, así como
Rembrandt o Tiepolo, buscando en el
Barroco su inspiración fundamental. El empleo de las luces, con fuertes contrastes de sombras, es un homenaje a
Caravaggio. Daumier se convierte en el pintor de los oprimidos, en el vocero de la oposición a la burguesía, criticando todas las situaciones que le parecían injustas a través de la litografía o la pintura, lo que debía hacer un pintor
realista.