Siguiendo la estela de
Tiziano y Tintoretto, El Greco desarrollará una interesante labor como retratista, recogiendo con sus pinceles a los miembros más importantes de la sociedad toledana. Así surgen excelentes imágenes como
don Antonio de Covarrubias, el Caballero de la mano en el pecho, el cardenal don Fernando Niño de Guevara o este monje anónimo captado con una naturalidad sorprendente. El pequeño busto recoge casi exclusivamente la cabeza del fraile y resalta su expresión, especialmente a través de sus ojos inteligentes y despiertos, captando el alma de su modelo como más tarde harán
Velázquez o
Goya. Las pinceladas son vigorosas, sin detenerse en detalles anecdóticos, modelando con la luz y el color tradicionales de la
Escuela veneciana.