Estatua sedente, admirablemente reconstruida a base de fragmentos sin añadidos modernos. Es la efigie más expresiva atribuida a
Ramsés el Grande, el que llenó Egipto desde el Delta hasta Nubia de monumentos que aún hoy hacen de él un personaje vivo y presente en todas partes. La estatua de Turín representa a un monarca en la cúspide de su majestad, coronado por la tiara khepresh que el escultor acertó a representar en el granito con su original calidad metálica. A cada lado de sus piernas una estatuilla, la de su mujer y la de uno de sus hijos, realzan la apostura del monarca, satisfecha de haber superado la postración en que habían dejado a Egipto los últimos monarcas de la XVIII Dinastía. Las últimas investigaciones atribuyen esta escultura a
Seti I.