El escultor Lisipo representa aquí al dios de la guerra desnudo, descansando y aunque no por ello se desprende de su espada que sostiene en su mano izquierda. Entre sus piernas un amorcillo, figura que aparece también en otra copia de la misma obra que se conserva en el
Museo de Nápoles, lo que nos demuestra que esta pequeña figura debía aparecer en el original.