En la Civilización del Valle del Indo destaca el asentamiento de Mohen-jo Daro de donde procede esta figura femenina que contemplamos. Participa de todas las cualidades artísticas del
Torso de Hombre pero presenta además un movimiento danzante, un paso de giro adelantando la pierna izquierda, que produce un efecto de gran dinamismo. Se puede interpretar como un antecedente indirecto del
Siva Nataraja, el rey de la danza cósmica. El gran orificio vaginal (yoni) concuerda con el lingam del torso masculinos y define estas esculturas como imágenes de culto a la sexualidad.