Cada cambio de reinado supondrá en Asiria un motivo de conflicto, produciéndose habituales sublevaciones. Cuando falleció
Sargón en 705 a.C. se produjo un levantamiento general desde
Elam a Palestina.
Babilonia y Elam se sublevaron al tiempo que se producía una coalición entre Gaza, Tiro, Edom, Judá y Ascalón, coalición que contaba con el apoyo del faraón
Shabaka. El sucesor, Senaquerib, empleó cuatro años en acabar con los diferentes focos de rebelión.
El rey de Asiria, una vez consolidado su territorio, iniciará una política de conquistas hacia el exterior similar a la llevada a cabo por sus antecesores. Su principal objetivo será
Egipto y las tropas asirias se encaminaron hacia el país pero tuvieron que retirarse por causa de una epidemia de peste. El faraón
Taharqa evitó herir la susceptibilidad del asirio.
El nuevo problema de Senaquerib será Babilonia y sus deseos independentistas, extendiendo la guerra de nuevo a Elam donde
Hallushu-In-Shusinak había ocupado el trono. Tras unas victorias iniciales de la coalición, en 693 a.C. Senaquerib consiguió vencer de manera efímera ya que Elam volvió a rebelarse y atacó Asiria con un incierto resultado. El rey asirio esperó dos años para vengarse, saqueando Babilonia y sumergiéndola bajo el Éufrates.
Senaquerib moría asesinado, apareciendo una vez más el fantasma de la guerra civil.
Asarhadon se erigía como sucesor y continuaba con la política expansionista de sus antecesores, tomando Egipto.