Con el fin de poner remedio al conflicto social provocado por el golpe de Estado de
Cilón y el exilio de
Megacles, se consideró que el ciudadano Dracón redactase un estricto
código legislativo que estuviera basado en las normas tradicionales, arbitradas por los jueces. Los ciudadanos atenienses quedaban divididos en cuatro clases basadas en el censo, de las que sólo podían aspirar a las magistraturas inferiores los hoplitas, capaces de armarse por su cuenta. Organizó las competencias de los tribunales y puso en marcha diversas reformas sociales pero no pudo evitar que la aristocracia siguiera disfrutando del poder. La situación de la ciudadanía continuaba degradándose y los enfrentamientos se perpetuaron.