Tras el fallecimiento de
Alejandro sus generales se repartieron la administración de las provincias que constituían el Imperio. Antígono, llamado Monoftalmo porque era tuerto, recibió Frigia, Licia y Panfilia. Pronto entró en la batalla por la herencia y a la muerte de
Antípatro acabó con
Eumenes lo que provocó la unión del resto de generales contra él. En un primer momento consiguió extender su influencia hacia Grecia y las Cícladas gracias a las victorias conseguidas por su hijo,
Demetrio Poliorcetes. La derrota de Demetrio en Siria a manos de
Ptolomeo llevó a la firma de un tratado de paz entre los generales (311 a.C.). La ambición de Antígono le llevó a matar a los escasos familiares de Alejandro que quedaban y a enfrentarse a Ptolomeo, obteniendo la victoria gracias de nuevo a Demetrio. La lucha no finalizó ahí ya que Antígono continuó con sus deseos de recuperar el imperio de Alejandro. Los demás generales se coaligaron contra él y le derrotaron en la batalla de Ipso.
La herencia de Alejandro se repartía definitivamente.