Tras la renuncia al poder por parte de
Diocleciano en el año 305, el nuevo augusto
Galerio nombró césares a Flavio Valerio Severo para occidente y
Valerio Maximiano Daya para oriente. La lucha no tardará en producirse al quedar excluidos de la sucesión
Majencio y
Constantino, hijos de
Maximiano y
Constancio Cloro, respectivamente. Severo no fue aceptado en Roma y en la ciudad estalló una revuelta. Majencio fue aclamado césar. Para solucionar el problema creado, Galerio nombró a Severo augusto pero su gobierno fue efímero ya que pronto murió en la lucha.