Ulpiano formó parte de la burocracia imperial y fue un respetado profesor de
derecho en Roma. En el año 222 se granjeó la enemistad del emperador
Heliogábalo que decidió desterrar al jurista. La llegada al trono de
Alejandro Severo motivó el regreso de Ulpiano a Roma, convirtiéndose en amigo personal del emperador y formando parte del consejo imperial. Su carrera se completó con los nombramientos como prefecto de la anonna y prefecto del pretorio. Sin embargo, los soldados no vieron con buenos ojos que un jurista les liderara y limitara sus beneficios, por lo que se rebelaron contra él, siendo degollado a pesar del empeño de Alejandro Severo por mantener con vida a su fiel amigo.
Dentro del campo jurídico destacan los comentarios "Ad edictum" y "Ad Sabinum", siendo incluido entre los cinco juristas más prestigiosos por
Teodosio II.