Livia estaba felizmente casada con
Tiberio Nerón, era madre de un niño llamado
Tiberio y estaba embarazada de otro llamado
Druso cuando
Augusto se encaprichó de ella. El emperador obligó a Tiberio a divorciarse y contrajo matrimonio con la bella Livia. Desde ese momento ocupará un importante papel en la corte romana, siendo una de las principales valedoras de que la sucesión recayera en su hijo Tiberio, especulándose incluso con su facilidad para utilizar venenos en su beneficio.