Natural de las Galias, Flavio Rufino fue nombrado prefecto para Oriente por
Teodosio, cargo en el que fue mantenido por su hijo
Arcadio. Su acercamiento a
Alarico le valió un importante puesto en la corte, donde se dedicó a perseguir a su más directos rivales políticos, cayendo víctima de sus propias intrigas al ser asesinado.