A la muerte de
Ptolomeo XII la corona quedó en manos de sus hijos Ptolomeo XIII y
Cleopatra. Siguiendo la tradición faraónica contrajeron matrimonio pero ni aún así consiguieron establecer buenas relaciones. Sus enfrentamientos fueron continuos y la llegada de
Pompeyo a tierras egipcias intentó ser utilizada por Ptolomeo en su favor. Cuando el triunviro romano desembarcó, el rey egipcio le mandó asesinar para congratularse con
César. Julio no aceptó la estrategia y se enfrentó con los ejércitos de Ptolomeo, consiguiendo derrotar al egipcio, pereciendo el propio Ptolomeo ahogado.