En los últimos años de su reinado
Carlos el Calvo tuvo que hacer frente a diversas rebeliones, entre ellas la del año 862 dirigida por su hijo Luis. A la muerte de Carlos, sus territorios -siguiendo la costumbre franca- fueron divididos entre sus dos hijos. Luis recibió Neustria, Borgoña, Lorena y Provenza mientras que Carlos era nombrado rey de Aquitania. Luis, llamado el tartamudo debido a esa deficiencia, participó activamente en las luchas por la corona imperial que se produjeron a la muerte de su padre, aunque inició negociaciones para alcanzar un acuerdo con su primo Luis el Joven -hijo de
Luis el Germánico-, auspiciado por el papa
Juan VIII. Sin embargo, la muerte sorprendió a Luis el Tartamudo en el mes de abril del año 879, sin poder participar en los deseados acuerdos sobre la elección imperial. Le sucederá su hijo
Luis III.