Alcuino inició su carrera como maestrescuela de la catedral de York pero se trasladó a Roma durante una temporada. A su regreso a Inglaterra se encontró con
Carlomagno en Parma, sugiriéndole el emperador que se quedara en su corte de Aquisgrán. Alcuino aceptó la propuesta y fundó la Escuela Palatina a la que acudiría lo más granado de la corte carolingia. Posteriormente fue nombrado abad del monasterio de Tours, falleciendo en ese lugar. La influencia de su obra en la cultura de su tiempo será fundamental para el llamado
renacimiento carolingio.