Cirilo fue discípulo de
Focio en la universidad de Constantinopla donde llegó a ser profesor de filosofía. En compañía de su hermano
Metodio se consagró durante un tiempo a la oración, refugiados en la región de Bitinia. Desde allí se trasladaron a las costas del mar de Azov donde desempeñaron una importante labor religiosa y política entre los jázaros, misión posiblemente encomendada por el emperador
Miguel III. Debido al éxito de la misión fueron enviados a Europa central para difundir el cristianismo entre los eslavos, desarrollando la traducción de los libros sagrados y celebraron los oficios litúrgicos en lengua eslava para acercar de esta manera la religión al pueblo eslavo. Se les considera los inventores del alfabeto cirílico.