Al igual que sus antecesores, los herederos de
Justiniano, cuando Mauricio recibió
el trono de
Tiberio dedicó todos sus esfuerzos a la lucha contra el
Imperio Persa. Los conflictos surgidos en el seno persa motivaron que Mauricio apoyara al joven
Cosroes II -nieto del gran
Cosroes- para ocupar el trono imperial y firmar entre ambos imperios un tratado de paz por el que Armenia quedaba en manos bizantinas. De esta manera se ponía fin a un largo conflicto que duró más de 20 años.
Gracias a desarrollar excelentes medidas organizativas, Mauricio pudo mantener bajo su mando un buen puñado de territorios en Occidente. Fue el creador de los exarcados de Ravena y Cartago, dejando su mando a militares que controlaban toda la administración.
La situación en los Balcanes no era muy positiva para los intereses bizantinos. Los ávaros y los eslavos atacaron las fortificaciones bizantinas sobre los ríos Danubio y Save, rompiendo el sistema defensivo y extendiéndose por la Península Balcánica donde se asentaron definitivamente.
La crisis social, el crecimiento del papel del Senado y la indisciplina del ejército motivaron el estallido de una revuelta que elevó a
Focas como emperador. Mauricio era destronado y el Senado ratificaba a Focas en su cargo.