Hijo de Otón de Sajonia, Enrique I fue nombrado duque de Sajonia al fallecer su padre en el año 912. Cuatro años después será coronado rey de Alemania y nominalmente emperador del
Sacro Imperio Romano Germánico aunque nunca fue coronado por
el papa. Durante su reinado dedicó buena parte de sus esfuerzos a luchar contra los enemigos exteriores, derrotando a daneses y húngaros al tiempo que fortificaba en su territorio buena parte de los castillos y ciudades.