En el año 995 Enrique era nombrado duque de Baviera y siete años después rey de Alemania, siendo coronado emperador del
Sacro Imperio Romano Germánico en 1014, el último de los sajones. Se le denomina Enrique el Santo por el buen número de
fundaciones religiosas que realizó y la labor reformista de
la Iglesia emprendida, pero también participó en la guerra, luchando contra los polacos.