Natural de Roma, Formoso fue nombrado obispo de Porto, realizando importantes misiones diplomáticas en Francia y Bulgaria. En el año 891 accedía al solio pontificio donde se mantuvo hasta que una revuelta liderada por
Juan VIII le destronaba y excomulgaba. Al poco tiempo Formoso era restaurado en su cargo, siendo
el pontífice que coronaría
emperador a
Arnulfo en el año 896, participando abiertamente en las disputas dinásticas que se produjeron en estos momentos en Alemania.